La ciudad posee un patrimonio forestal extraordinario, especialmente por el Parque Miguel Lillo, pero la situación cambia cuando se observa el arbolado de las calles. Relevamientos realizados en distintos sectores indican que el faltante de árboles de alineación podría alcanzar el 50%, aunque todavía no existe un censo integral que permita conocer la dimensión exacta del problema.

El ingeniero forestal José Garcés puso el foco sobre una situación que suele pasar inadvertida: una ciudad puede tener una enorme cantidad de árboles y, al mismo tiempo, presentar importantes déficits en sus veredas.

Las muestras realizadas en distintos barrios de Necochea vienen registrando faltantes que rondan el 50%. Sin embargo, el propio análisis obliga a tomar esa cifra como una estimación y no como una estadística definitiva para todo el ejido urbano.

El dato abre una discusión que va más allá de plantar árboles. Para conocer la situación real sería necesario realizar un censo que determine cuántos ejemplares existen, dónde están ubicados, cuáles son sus especies y en qué estado se encuentran.

También permitiría identificar aquellos sectores donde faltan árboles y detectar ejemplares que generan problemas con veredas, luminarias, cableado o servicios subterráneos.

La planificación resulta especialmente importante porque no cualquier árbol puede plantarse en cualquier lugar. El ancho de la vereda, el suelo, las construcciones y la infraestructura existente condicionan la elección de cada especie.

Mientras tanto, el municipio mantiene su campaña de forestación y entrega gratuita. Durante este año ya fueron distribuidos alrededor de 700 ejemplares, principalmente destinados al arbolado de las veredas.

El desafío, sin embargo, es considerable. Un árbol joven necesita años para alcanzar el desarrollo y los beneficios ambientales de un ejemplar adulto.

El Parque Miguel Lillo tampoco resuelve por sí mismo esta situación. Sus aproximadamente 640 hectáreas constituyen un patrimonio ambiental excepcional, pero cumplen una función diferente a la de los árboles distribuidos por los barrios, que aportan sombra y cobertura directamente sobre viviendas, comercios, escuelas y recorridos cotidianos.

La discusión pasa entonces por transformar las campañas de forestación en una planificación de largo plazo: saber primero cuántos árboles faltan, determinar dónde hacen más falta y definir qué especies resultan adecuadas para cada sector de Necochea.