El primer diagnóstico provincial sobre unos 800 kilómetros del litoral advierte que dos tercios de los sectores relevados presentan una degradación geomorfológica alta. En Quequén, el informe vincula el fuerte desequilibrio sedimentario con la extensión de la Escollera Sur y señala especialmente la situación de Bahía de los Vientos.
La erosión que desde hace años preocupa en Quequén forma parte de un fenómeno mucho más amplio que afecta a buena parte de la costa bonaerense, aunque el diagnóstico provincial identifica características particularmente críticas en el distrito.
Un relevamiento realizado por el Ministerio de Ambiente bonaerense y el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC-CONICET) analizó 104 puntos estratégicos distribuidos a lo largo de unos 800 kilómetros de litoral entre Magdalena y Coronel Rosales.
Los resultados muestran que solamente el 14 por ciento de los sectores estudiados conserva un buen estado y presenta bajo impacto. En cambio, el 66 por ciento registra una degradación geomorfológica alta y otro 20 por ciento se encuentra en una situación intermedia.
La diferencia se profundiza cuando aparece la urbanización: en esos sectores, el nivel de degradación alta alcanza al 83 por ciento.
El diagnóstico introduce además una cuestión central para comprender el problema: la costa no retrocede únicamente por fenómenos naturales o por el cambio climático. Las obras portuarias y de defensa, la ocupación de médanos, la urbanización sobre la primera línea y otras intervenciones humanas alteraron el transporte natural de arena.
Quequén y el efecto de la Escollera Sur
Entre los puntos críticos identificados aparece Quequén y particularmente Bahía de los Vientos.
El informe vincula el desequilibrio sedimentario de ese sector con la extensión de la Escollera Sur del Puerto Quequén hasta los 1.600 metros, una intervención que modificó el transporte natural de arena a lo largo de la costa.
El fenómeno produce resultados diferentes a cada lado de las estructuras que interfieren con la circulación de los sedimentos: mientras determinados sectores acumulan arena, otros quedan privados del aporte que naturalmente recibían y comienzan a retroceder.
En Quequén, ese déficit se manifiesta en pérdida de playa y erosión de los acantilados.
El diagnóstico menciona específicamente los daños registrados sobre la avenida costanera de Bahía de los Vientos, viviendas emplazadas sobre sectores de acantilados expuestos a derrumbes y la incidencia adicional de desagües pluviales que descargan directamente sobre el talud.
La advertencia adquiere particular actualidad después de los últimos temporales, cuando vecinos de Quequén volvieron a observar importantes retrocesos de la costa y nuevos desprendimientos en Bahía de los Vientos y hacia Costa Bonita.
Hasta un metro de costa por año
El problema ya no pertenece solamente a las proyecciones de largo plazo.
El relevamiento señala que en localidades como Quequén, Monte Hermoso y Pehuen-Có existen sectores donde se registran pérdidas de entre medio metro y un metro de costa por año.
A escala provincial, las proyecciones son todavía más significativas.
Para 2045 se estima un retroceso promedio de la línea costera de entre 17,8 y 19,6 metros, dependiendo del escenario climático considerado.
Hacia 2100, esa pérdida podría ubicarse entre 47,4 y 69,7 metros.
Al retroceso provocado por la dinámica sedimentaria se suma el aumento previsto del nivel del mar. Las estimaciones contemplan aproximadamente 20 centímetros hacia mediados de siglo y entre 30 centímetros y un metro para finales del siglo XXI.
Un problema que atraviesa toda la costa
Quequén no constituye un caso aislado.
En Mar Chiquita se documentaron sectores con retrocesos de hasta 94 metros durante un período de 20 años. Allí también aparece el impacto de defensas rígidas y espigones sobre el movimiento de sedimentos.
En Miramar, los acantilados formados por materiales erosionables retroceden por efecto del oleaje y comprometen infraestructura próxima a la costa.
Santa Teresita, Las Toninas y Mar de Ajó presentan problemas relacionados con la eliminación de dunas, la urbanización de la primera línea y los desagües pluviales.
En Pehuen-Có existen playas urbanas de menos de 50 metros de ancho y sectores donde la erosión amenaza calles y caminos.
El caso de Mar del Plata presenta otra dimensión del mismo fenómeno. General Pueyrredón tiene prácticamente todo su frente costero intervenido por urbanización e infraestructura y registra pérdidas sostenidas de playa. En sectores céntricos, la conservación de arena depende de aportes artificiales periódicos.
Cuando una obra protege un sector y perjudica otro
El relevamiento presta especial atención a las estructuras construidas sobre el litoral.
El 86 por ciento de las defensas costeras estudiadas son rígidas: el 58 por ciento corresponde a espigones y escolleras y el 28 por ciento a enrocados.
Estas obras pueden solucionar problemas puntuales, pero también modificar el recorrido de la arena.
Una escollera puede favorecer la acumulación de sedimentos de un lado y, simultáneamente, interrumpir el aporte hacia las playas ubicadas aguas abajo de la deriva litoral, trasladando el problema de erosión hacia otro sector.
Ese mecanismo resulta especialmente relevante para comprender lo ocurrido en Quequén después de la prolongación de la Escollera Sur.
Los médanos, una reserva natural de arena
El informe también advierte sobre la ocupación y eliminación de médanos.
Las dunas no constituyen simplemente un paisaje costero: funcionan como reservas naturales de arena capaces de alimentar las playas y amortiguar los efectos de las tormentas.
Cuando son ocupadas por construcciones, calles o infraestructura permanente, ese intercambio queda interrumpido.
La circulación indiscriminada de vehículos todo terreno y la modificación de la vegetación también alteran esa dinámica.
Por eso, entre las alternativas planteadas aparecen la recuperación de dunas mediante enquinchados y revegetación, la utilización de estructuras desmontables en los balnearios, restricciones al tránsito vehicular sobre sectores sensibles y áreas donde directamente se eviten nuevas intervenciones.
Quequén espera las medidas de remediación
El diagnóstico provincial refuerza un problema que en Quequén lleva años instalado y para el cual todavía se esperan respuestas concretas.
Durante la anterior conducción interina del Consorcio de Gestión de Puerto Quequén se había anunciado un estudio destinado a determinar alternativas de remediación, incluyendo la posibilidad de realizar trabajos de refulado para devolver arena a los sectores afectados.
Sin embargo, las obras todavía no comenzaron, mientras los temporales continúan dejando nuevos signos de erosión sobre playas y acantilados.
El nuevo informe aporta ahora un marco provincial mucho más amplio: confirma que el deterioro costero responde a una combinación de cambio climático, dinámica marina e intervenciones humanas y coloca nuevamente a Quequén entre los ejemplos donde una gran obra costera modificó el equilibrio natural del transporte de arena.
El desafío ya no consiste solamente en proteger algunos metros de playa. Implica definir cómo intervenir sobre una costa alterada durante décadas sin trasladar nuevamente el problema hacia otro sector y cómo recuperar, en la medida de lo posible, el equilibrio sedimentario perdido.
