La erosión costera volvió a quedar en el centro de la escena tras una nota publicada por La Nación, que expuso con crudeza el deterioro que sufre la zona de Bahía de los Vientos, al norte de la desembocadura del río Quequén. Allí, el mar ganó terreno de manera sostenida durante las últimas dos décadas, al punto de hacer desaparecer amplios sectores de playa, socavar acantilados y acercarse peligrosamente a viviendas y complejos turísticos.
El informe señala que el problema se agravó luego de la extensión de la Escollera Sur del puerto, una obra inaugurada en 2008 que alteró la deriva natural de arena hacia ese sector de la costa. Desde entonces, se perdió casi por completo un tramo de unos 2500 metros de playa, entre la zona del parador Las Olas y Punta Carballido. Las defensas de piedra colocadas al pie de los acantilados no lograron frenar el avance del mar, que ya amenaza propiedades emplazadas en primera línea.
Entre los testimonios recogidos por el matutino nacional aparece el del ingeniero Néstor Diez, quien advirtió: “El proceso de avance del mar está súper acelerado, es exponencial y será cada vez peor”. Para él, la salida más viable es una combinación de refulado para recuperar arena y obras de contención que permitan sostenerla.
Vecinos y residentes permanentes también describieron el impacto concreto del fenómeno. Verónica Bertoldi, que vive en el lugar desde hace cuatro años, resumió el cambio con una imagen contundente: “Cuando llegamos acá los autos paraban delante de nuestro complejo, hoy no quedó nada”. Incluso ya se perdió un tramo de la vieja avenida Costanera, donde el asfalto termina abruptamente por el retroceso del acantilado.
El actual presidente del Consorcio de Gestión de Puerto Quequén, Mariano Carrillo, había anunciado semanas atrás que el refulado forma parte de los planes inmediatos del ente portuario, aunque hasta ahora no se conocieron precisiones sobre el avance del estudio de impacto ambiental necesario para concretarlo. Mientras tanto, el mar sigue avanzando y en la zona crece la preocupación por el futuro de uno de los paisajes más valiosos y frágiles del distrito.





