La Asociación Cooperadora del Hospital Municipal Dr. Emilio Ferreyra cumple 60 años y llega al aniversario convertida en la institució con mayor reconocimiento de la comunidad. No ocurrió de un día para otro: fueron seis décadas de obras, campañas, donaciones y administración de recursos que terminaron dejando una marca concreta en el principal hospital público del distrito.
Creada el 19 de octubre de 1966, nació para organizar la colaboración de los vecinos con un establecimiento que comenzaba a tener una demanda creciente. Desde entonces, diferentes generaciones mantuvieron una característica que explica buena parte de su permanencia: cada peso conseguido debía volver al Hospital.
Esa confianza permitió transformar aportes individuales, cuotas de socios, ferias, bonos, cenas, sorteos y donaciones empresariales en equipamiento y obras que hoy forman parte cotidiana del sistema sanitario.
De colaborar con el Hospital a transformarlo
La historia de la Cooperadora puede recorrerse también a través de las grandes modificaciones del Ferreyra.
En 2014 se inauguró la nueva Guardia General, después de un proyecto que demandó más de una década. En 2015 llegó el nuevo sector de Oncología y en 2016 se habilitaron las renovadas instalaciones de la Emergencia Pediátrica.
Después siguieron intervenciones en Maternidad, Infectología, Pediatría, Consultorios Externos, salas de internación, Cuidados Intermedios y el Servicio de Cirugía.
Pero probablemente ninguna concreción sintetice mejor el espíritu de la institución que el tomógrafo.
Durante años parecía un objetivo demasiado grande para una cooperadora hospitalaria. Marta Roldán de Iriberri repetía que ese era el sueño. Finalmente, el Municipio adquirió el equipamiento y la entidad financió la millonaria obra necesaria para construir y adaptar el nuevo Servicio de Imágenes.
Lo que parecía imposible terminó funcionando dentro del Hospital.
Una institución que atravesó gobiernos
Otra de las claves de esos 60 años fue su continuidad.
La Cooperadora trabajó con intendentes de diferentes partidos y atravesó todo tipo de contextos políticos y económicos. Las administraciones cambiaron; la institución permaneció.
Desde Fortunato Zabala Vicondo, su primer presidente, pasando por Pedro Depierro y la recordada Zilda Percario de Balsategui, hasta la actual conducción de Marta Roldán de Iriberri, generaciones de vecinos sostuvieron el mismo objetivo.
Esa independencia y la transparencia atribuida a la administración de los fondos construyeron probablemente su capital más importante: la credibilidad.
Cuando la Cooperadora convoca para comprar un equipo, remodelar una sala o encarar una obra, la comunidad responde porque durante seis décadas pudo observar dónde terminaban esos recursos.
Cuando una feria de ropa termina convertida en un quirófano
La dimensión de ese trabajo también aparece en las pequeñas acciones.
La tradicional feria de ropa de calle 56, las cuotas de socios y las donaciones pueden parecer iniciativas modestas frente al costo de la infraestructura sanitaria. Sin embargo, sumadas y sostenidas durante años, permitieron comprar aparatología, camas, instrumental, medicamentos y financiar remodelaciones.
Recientemente, ese esfuerzo volvió a materializarse con la incorporación de un tercer quirófano y la renovación del Servicio de Cirugía.
Es quizás la mejor explicación de lo que representa la Cooperadora: transformar miles de pequeñas colaboraciones de los vecinos en algo que, tarde o temprano, puede terminar salvándole la vida a otro vecino.





