El palista argentino Manuel Tripano tiene apenas 21 años, pero ya escribió una página histórica para el canotaje nacional. Fue campeón mundial juvenil de eslalon en 2024, conquistó dos títulos panamericanos en categoría senior y ahora tiene un objetivo central: lograr la clasificación a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.

Su camino está marcado por el esfuerzo, la creatividad y una relación con el kayak que comenzó prácticamente desde la cuna. “Desde los tres años tengo fotos adentro de un bote”, recordó el deportista, que se entrena habitualmente en el paraje Las Cascadas, sobre el río Quequén, en Necochea.

A diferencia de los principales países del mundo, donde existen pistas artificiales con caudales regulados y estructuras diseñadas específicamente para el eslalon, Tripano debe preparar sus entrenamientos de manera artesanal.

“Tirás algunas piedras, cruzás alambres y sogas para colgar las varillas y lo tenés que diseñar para poder practicar”, explicó. Las inundaciones obligan en ocasiones a reconstruir el circuito, entrar al agua y volver a colocar los elementos que permiten simular las condiciones de competencia.

Una vida dividida entre el estudio, el río y los viajes

La rutina de Manuel Tripano transcurre entre Necochea, Mar del Plata y los distintos países donde compite. Esa movilidad permanente hizo que el bote se convirtiera en su verdadero lugar de pertenencia.

“Tengo el año fraccionado: vivo un tercio en Mar del Plata, otro tercio en Necochea y otro tercio viajando. El único lugar en el que me siento identificado es arriba del bote”, afirmó.

Además de entrenar y competir, estudia kinesiología en la Universidad FASTA, donde cuenta con un programa especial que le permite compatibilizar la carrera académica con el deporte de alto rendimiento.

El beneficio le permite asistir a parte de las clases y reprogramar evaluaciones cuando se encuentra en competencia. Sin embargo, la organización depende en gran medida de su esfuerzo personal.

“Me tengo que manejar para estudiar en pasillos, competencias y aviones para llegar a rendir bien. Se complica”, reconoció.

Una familia construida alrededor del kayak

El vínculo con el canotaje también tiene una fuerte raíz familiar. Su padre, Javier Tripano, y su tío, Martín Tripano, fueron quienes lo acercaron a la disciplina y actualmente forman parte de su preparación.

“Siempre fue una familia bien de kayak”, resumió el joven, al destacar el acompañamiento recibido desde sus primeros años.

Aunque sus entrenadores familiares practicaron el deporte principalmente de manera recreativa, el crecimiento internacional de Manuel obligó a profesionalizar la preparación, incorporar nuevos conocimientos y adaptar los entrenamientos a las exigencias del alto rendimiento.

La falta de competidores de nivel internacional dentro del país representa una dificultad adicional. Mientras en Europa los jóvenes entrenan habitualmente junto a atletas ubicados entre los mejores del mundo, en la Argentina las oportunidades de competir y medir el rendimiento son mucho más limitadas.

Para compensarlo, Tripano y su familia recurren a la imaginación. Cuando el río crece, buscan sectores con olas y corrientes más fuertes. En otras ocasiones aprovechan las sudestadas para entrenar en el mar.

“Hay que usar mucho la imaginación para armarse un escenario y después competir”, señaló.

El difícil traslado de los botes

Uno de los mayores obstáculos aparece antes de cada competencia internacional. Los botes de eslalon miden aproximadamente tres metros y medio, son frágiles y cuentan con interiores personalizados para cada deportista.

Trasladarlos en avión no siempre resulta posible. Algunas compañías no los aceptan y, cuando permiten embarcarlos, existe el riesgo de que sufran daños durante la carga.

“A veces las aerolíneas no los dejan pasar. A algunos compañeros se los hicieron cortar; a mí me los han roto”, relató.

La dificultad obliga a muchos deportistas a contar con más de un bote y mantener equipamiento tanto en América como en Europa. Sin embargo, esa alternativa requiere recursos económicos que no siempre están disponibles.

“Viajás estresado y ves cómo los revolean adentro del avión”, describió Tripano, quien también debe resolver por su cuenta el transporte terrestre, ya que los vehículos alquilados generalmente no poseen portaequipajes adecuados.

En el canotaje de velocidad suele existir la posibilidad de utilizar equipamiento provisto por la organización. En el eslalon, en cambio, cada deportista debe solucionar el traslado y la disponibilidad de su propio bote.

El título mundial que cambió su carrera

El punto más alto de su trayectoria llegó en 2024, cuando se convirtió en el primer argentino en obtener un campeonato mundial juvenil de canotaje eslalon.

La conquista ocurrió poco después de uno de los momentos más difíciles de su carrera: la frustración por no haber logrado la clasificación a los Juegos Olímpicos de París 2024.

“Tuve todas las oportunidades para ganar la plaza a último momento y no lo conseguí. Fue un momento bastante bajo, pero levantamos la cabeza con mi papá y nos propusimos competir en el Mundial”, recordó.

La participación requirió un enorme sacrificio económico familiar. Para reunir el dinero necesario, pintaron ellos mismos una pileta y destinaron esos ingresos al viaje.

Tripano llegó al torneo con una canoa vieja y repintada, mientras otros competidores contaban con equipamiento de última generación.

“Los otros competidores se reían porque no podía cambiar el bote, pero ya estar allá era difícil”, explicó.

Pese a las limitaciones, consiguió avanzar hasta la final y completar una actuación perfecta en el momento decisivo.

“Fue un sueño cumplido. En el momento fue un shock porque parecía ficción”, expresó.

Para el deportista, el resultado no fue producto de la casualidad. “No voy a decir que se alinearon los planetas, porque también hicimos lo necesario para que suceda”, remarcó.

El triunfo no solo cambió su carrera, sino que también le dio visibilidad al canotaje eslalon argentino y demostró que un deportista formado en condiciones muy inferiores a las de las potencias internacionales podía alcanzar la cima.

El respaldo de los Premios Olimpia

Su crecimiento deportivo fue reconocido en la última edición de los Premios Olimpia, donde recibió el Premio Inspiración y una beca anual que le permite afrontar parte de los costos vinculados a su preparación.

“Ayuda muchísimo, desde lo emocional, el apoyo económico y la visibilidad”, sostuvo.

Para Tripano, compartir la ceremonia con figuras consagradas del deporte argentino representó también una confirmación de que su disciplina puede ganar un espacio mayor.

“Sé que no es un deporte demasiado conocido, pero para mí tiene todas las características para que lo sea”, afirmó.

El respaldo económico resulta fundamental en una actividad en la que la mayoría de las competencias se disputa en Europa y cada traslado implica pasajes, alojamiento, inscripción, transporte y movimiento de equipamiento.

Un calendario cargado de desafíos

El próximo gran objetivo será el Mundial Sub 23 de Cracovia, que comenzará el 30 de junio. Luego tendrá por delante el Mundial senior en Oklahoma City, el Panamericano de Canadá y los Juegos Odesur en Santa Fe.

La gira demandará aproximadamente 100 días fuera del país, algo inédito hasta ahora en su carrera.

“Va a ser un hilo de competencias muy seguidas. Hay que saber planificar para llegar entero a la mayoría de los torneos”, explicó.

Su intención es mantener regularidad, aprovechar cada oportunidad y disfrutar del proceso.

“La expectativa es divertirse, estar en plenitud, buscar ser constante y poder decir ‘lo hice bien’ después de terminar un recorrido”, señaló.

En el eslalon, una competencia puede definirse en apenas un minuto y medio. Un error, una penalización o una mala lectura del agua pueden modificar completamente el resultado.

“Es un deporte muy oportunista. El que brilla es el que menos errores comete”, resumió.

El sueño olímpico

La clasificación a Los Ángeles 2028 aparece como la gran meta de los próximos años.

El sistema cambió respecto de los Juegos anteriores. Ahora los deportistas deberán participar en nueve competencias, de las cuales se computarán los mejores cinco resultados para conformar un ranking. Los primeros 20 botes obtendrán la plaza, mientras que quienes no lo consigan tendrán una última oportunidad en el repechaje continental de los Juegos Panamericanos de Lima.

“Al día de hoy es una de mis prioridades, por encima de muchas cosas”, aseguró.

Los Juegos Odesur tendrán un valor particular porque allí se enfrentará con varios de los rivales que luego competirán por el cupo continental.

Tripano sabe que todavía queda un recorrido exigente, pero su historia demuestra que está acostumbrado a superar obstáculos. Entrena en un circuito armado con piedras, alambres y sogas; estudia durante los viajes; enfrenta dificultades para transportar sus botes y compite contra deportistas que disponen de instalaciones profesionales.

Desde el río Quequén, el joven que convirtió un bote en su casa sostiene un sueño olímpico construido con talento, sacrificio y perseverancia.