A dos meses de cumplir 18 años, Lucas Ruiz decidió romper el silencio. Tras la muerte de Isabella, la tercera hija de Lucía Sosa fallecida en circunstancias que investiga la Justicia, el joven reconstruyó su historia, cuestionó el accionar del sistema de protección de la niñez y aseguró que durante años advirtió que no quería regresar con su familia biológica. “Yo sé que ella mató a mis tres hermanas”, afirmó.

Con apenas 17 años, Lucas Ruiz tomó una decisión que, según asegura, venía postergando desde hacía mucho tiempo: contar públicamente su historia. La reciente muerte de Isabella, la niña de dos años cuyo fallecimiento volvió a colocar a Lucía Sosa bajo la lupa judicial, fue el detonante.

El adolescente, que logró cambiar legalmente su apellido para llevar el de su familia adoptiva, sostiene que el sistema judicial ignoró durante años las señales de violencia que él mismo denunciaba cuando era niño.

“¿Por qué voy a esperar a cumplir 18 años? Quiero hablar ahora, contar toda la verdad y que esto no vuelva a pasar nunca más”, expresó.

Una infancia atravesada por la violencia

La historia de Lucas comenzó a cambiar cuando tenía apenas 21 días de vida. En 2008 ingresó al hospital con una grave crisis respiratoria y signos de cianosis. A partir de esa situación y del contexto familiar detectado por los organismos de protección, quedó bajo el cuidado de Elizabeth, integrante en ese momento de un hogar de tránsito.

Con el paso del tiempo ese vínculo se transformó en una verdadera relación familiar.

Sin embargo, durante años la Justicia insistió con distintos procesos de revinculación con su madre biológica y con quien era considerado entonces su padre, Héctor Picard.

Lucas recuerda ese período como una de las etapas más difíciles de su vida.

“Siempre volvía llorando. Les decía que no quería ir, que la pasaba mal, que me hacían pasar hambre y que me maltrataban. Nadie me escuchaba”, sostuvo.

También conserva imágenes que, pese al paso del tiempo, asegura que nunca pudo borrar.

“Recuerdo una casa oscura y cómo Picard me tironeaba de las orejas. Nunca lo vi como un padre, sino como una figura de miedo”, relató.

Tres muertes y un mismo nombre

La investigación por la muerte de Isabella volvió a poner en el centro de la escena una historia que ya había tenido dos antecedentes trágicos.

En 2013 falleció Candela Milagros, mientras que en 2016 murió Yazmín Milagros, ambos casos bajo la responsabilidad de Lucía Sosa.

Tras la muerte de Yazmín, Sosa y Picard permanecieron detenidos hasta 2018, aunque finalmente fueron absueltos por la Justicia.

Años después, Sosa volvió a formar una familia y tuvo otros hijos. Uno de ellos, un niño de cuatro años, fue recientemente apartado del hogar por decisión judicial luego del fallecimiento de Isabella.

Para Lucas, los antecedentes debieron haber motivado una intervención mucho antes.

“Si en 2013 ya había muerto una bebé y en 2016 murió otra, ¿cómo podía seguir teniendo bebés a su cargo? Había señales de sobra de que algo estaba mal”, cuestionó.

“Después de que me sacaron de esa familia nunca más tuve problemas”

El joven también recordó que él mismo había ingresado siendo bebé con problemas respiratorios.

Por eso asegura que existe un patrón que, a su entender, nunca fue debidamente investigado.

“Según mi historia clínica, yo también entré con una crisis respiratoria. Pero desde que me sacaron de esa familia jamás volví a tener un problema respiratorio. ¿No es raro?”, planteó.

Una batalla judicial que duró más de una década

La historia de Lucas atravesó numerosos expedientes judiciales desde sus primeros días de vida hasta los 12 años.

Finalmente, luego de una extensa disputa judicial, pudo ser adoptado por Elizabeth y su esposo Jorge, quienes inicialmente habían asumido únicamente el rol de familia de tránsito.

La adopción definitiva llegó después del fallecimiento de Jorge, y posteriormente la Justicia autorizó el cambio de apellido, permitiéndole llevar el de la familia con la que creció.

Actualmente se identifica como Lucas Ruiz.

Un pedido de justicia

A dos meses de alcanzar la mayoría de edad, Lucas asegura que ya no quiere guardar silencio.

Su objetivo, afirma, es evitar que otras niñas y niños atraviesen situaciones similares.

“Elegí hablar porque quiero que esto termine acá. No quiero que dentro de diez años haya otro caso igual. Voy a luchar hasta que se haga justicia por mis tres hermanas”, sostuvo.

Al mismo tiempo reclamó una profunda revisión del funcionamiento del sistema judicial y de protección de la niñez.

“Tienen que escuchar a los chicos cuando dicen que no quieren volver con una familia donde sufren violencia. Si eso no cambia, estas historias se van a repetir”, concluyó.