El cierre de una búsqueda que se extendió por más de cinco décadas se concretó esta semana en Quequén. La familia Ibarra Britos recibió los restos óseos de Horacio Alfredo Ibarra Britos, quien había desaparecido en 1975 a los 18 años de edad. El acto de entrega de la urna puso fin a un período de incertidumbre que atravesó a varias generaciones de la familia.
Durante 51 años, los familiares mantuvieron activa la búsqueda a través de diversos organismos públicos y programas de localización de personas. La investigación cobró un impulso definitivo mediante la intervención del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), institución que aplicó métodos de arqueología, antropología y análisis genéticos para establecer la identidad fehaciente de los restos enterrados previamente como NN.
Los especialistas Carlos Somigliana y Mariella Fumagali fueron los encargados de viajar hasta la localidad para explicar el proceso científico y realizar la restitución formal. Al recibir el cofre, los hermanos manifestaron: “Hoy nuestro hermano Horacio puede descansar en paz y cerca nuestro. Cerramos una intensa y dolorosa búsqueda que nos llevó 51 años”.
La historia está marcada por una promesa familiar. La madre de Horacio falleció un año después de la desaparición, pero encomendó a sus hijos persistir en la localización. María Cristina, una de las hermanas que lideró el reclamo durante décadas, sostuvo: “Siempre tuve fe de que algún día lo íbamos a encontrar”.
El caso se remonta a 1975, cuando el joven salió de su hogar y no regresó. Abel Ibarra recordó aquel momento señalando que “salió como para volver y no volvió más. Nunca supimos qué pasó”. Tras el proceso de identificación, los restos serán depositados en el cementerio de Quequén junto a los de sus padres, concluyendo así una de las búsquedas más prolongadas de la región.






