La cosecha gruesa volvió a poner bajo máxima presión al sistema portuario argentino, con un ingreso masivo de camiones que tensiona rutas, accesos y terminales en los principales nodos exportadores del país.

El informe señala que el mayor volumen se concentra en el complejo agroexportador del Gran Rosario, donde en jornadas pico pueden ingresar entre 10.000 y 15.000 camiones diarios, con más de 6.000 unidades ya en espera de descarga al comienzo de cada jornada. Allí, el sistema logra procesar entre 10.000 y 10.500 camiones por día, en una operatoria fuertemente exigida por el avance simultáneo de la cosecha y la concentración de entregas en ventanas cada vez más reducidas.

En Bahía Blanca, en tanto, el movimiento también se mantiene en niveles elevados. Según datos relevados por el sitio especializado, están ingresando entre 1.800 y 2.000 camiones diarios, en un flujo sostenido que acompaña el ritmo de embarques y la demanda exportadora.

En paralelo, Quequén logró normalizar su dinámica luego del paro de transportistas y hoy opera normalmente y con una fuerte rotación de buques. Esa recuperación se da en un momento clave, con alta demanda de descarga y necesidad de sostener la fluidez logística en plena campaña.

El fenómeno vuelve a dejar en evidencia una característica estructural del sistema argentino: su fuerte dependencia del transporte por camión. Cada campaña moviliza cerca de dos millones de camiones hacia los puertos del país, en una lógica que combina capacidad operativa con reiterados cuellos de botella en los momentos de mayor intensidad.

Aun con herramientas de ordenamiento como los turnos de ingreso, el problema de fondo persiste. La escala de la producción y de las exportaciones crece más rápido que la infraestructura disponible, tanto en accesos como en alternativas logísticas. Y esa tensión, que hoy se ve en el agro, también se replica en otros sectores estratégicos de la economía.