La discusión sobre el bienestar animal ocupa parte de la agenda del Concejo Deliberante, mientras la ciudad atraviesa una crisis mucho más inmediata: el sistema de transporte público corre riesgo de interrumpirse y dejar a Necochea y Quequén sin colectivos por primera vez en su historia.
El contraste expone una preocupante desconexión entre las prioridades legislativas y las urgencias cotidianas de miles de vecinos que dependen del transporte para trabajar, estudiar, concurrir a centros de salud o realizar trámites.
Colectivos al límite: las empresas advierten que la tarifa no alcanza y peligra el servicio
Las prestatarias del transporte público de Necochea alertaron que el valor actual del boleto quedó desfasado respecto de los costos operativos y advirtieron que, sin una actualización, será cada vez más difícil sostener el servicio.
El aumento del combustible, los repuestos, el mantenimiento de las unidades, los seguros y los salarios habría generado un fuerte desequilibrio económico. Según las empresas, los ingresos actuales ya no permiten cubrir los gastos necesarios para garantizar el funcionamiento cotidiano del sistema.
La advertencia abre la posibilidad de una reducción de frecuencias y mayores dificultades para mantener las prestaciones en las condiciones actuales. El impacto recaería directamente sobre miles de vecinos que utilizan los colectivos para trabajar, estudiar, asistir a centros de salud o trasladarse entre Necochea y Quequén.
El reclamo se produce en medio de una crisis que afecta al transporte urbano en distintas ciudades del país, donde las compañías vienen señalando que operan con márgenes cada vez más reducidos por el incremento constante de los costos.
Mientras tanto el Concejo enfrascado en su discusiones de palacio se niega a discutir el tema poniendo en grave riesgo un servicio que resulta esencial para las personas que trabajan y estudian y no pueden acceder a otro tipo de transporte.
La incertidumbre afecta especialmente a trabajadores, estudiantes, jubilados y habitantes de los barrios más alejados, que no cuentan con medios alternativos para movilizarse. Una eventual paralización profundizaría las desigualdades y generaría consecuencias económicas y sociales en toda la ciudad.
Mientras se suceden las discusiones en comisiones, el tiempo se agota. El sistema necesita decisiones políticas, acuerdos y una salida que garantice la continuidad del servicio.
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