El banco de horas ya empezó a aplicarse en el sector privado argentino y abre un nuevo debate sobre el futuro de las horas extras. El primer caso se dio con Mirgor, tras un acuerdo con SMATA, para implementar un esquema de compensación de hasta 200 horas en un período de 12 meses.
El sistema permite que las horas trabajadas por encima de la jornada habitual no se paguen necesariamente con recargo, sino que puedan compensarse luego con descanso, reducción de jornada o francos.
El contador Ignacio Barrios explicó que las horas extras siguen existiendo con recargos del 50 por ciento en días comunes y del 100 por ciento los sábados después de las 13, domingos y feriados. La diferencia es que ahora pueden compensarse con descanso si existe acuerdo entre las partes.
La reforma laboral habilitó que estos acuerdos no dependan sólo de convenios colectivos, sino también de pactos individuales y por escrito entre empleador y trabajador.
La abogada laboralista Inés Arias advirtió que el punto más delicado será garantizar que la voluntariedad sea real y no condicionada por la desigualdad entre empresa y empleado.
El debate central pasa por el impacto en el salario de bolsillo: si las horas dejan de pagarse con recargo y pasan a un banco de compensación, muchos trabajadores podrían perder una parte importante de sus ingresos habituales.






