La decisión del Gobierno nacional de avanzar contra las PASO no respondería únicamente a una estrategia electoral para quitarle al peronismo una herramienta de ordenamiento interno. En la Casa Rosada también la leen como una pieza clave para sostener la estabilidad financiera y evitar una crisis de confianza antes de la elección presidencial.
El temor central es que Javier Milei pueda quedar segundo en votos en una primaria nacional frente al peronismo. En el oficialismo creen que un resultado de ese tipo podría golpear de lleno sobre el programa económico, alterar las expectativas del mercado y poner en riesgo la posibilidad de llegar competitivo a la primera vuelta.
El antecedente que sobrevuela todos los análisis es el de Mauricio Macri en 2019. Aquella derrota en las PASO frente a la fórmula integrada por Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner provocó una fuerte reacción financiera: salto del dólar, caída de bonos y acciones, suba del riesgo país, reperfilamiento de deuda y posterior regreso del cepo cambiario.
“En el Gobierno están muy preocupados con el antecedente de Macri en 2019, cuando perdió las PASO, se derrumbó el plan económico y no pudo reelegir”, señaló un diputado con diálogo fluido con la Casa Rosada.
El fantasma tiene fecha precisa: 11 de agosto de 2019. Ese día, Macri y Miguel Ángel Pichetto perdieron las primarias por más de 15 puntos. La derrota electoral terminó funcionando como un plebiscito anticipado sobre la continuidad del gobierno y aceleró una crisis de confianza que condicionó todo el tramo final de la gestión.
En el entorno de Milei quieren evitar que algo parecido ocurra en 2027. La diferencia, según admiten en privado, es que el actual programa económico depende de manera decisiva de la expectativa de continuidad política. Si el mercado percibe que el oficialismo puede perder, el margen financiero podría achicarse rápidamente.
Las encuestas que circulan entre funcionarios alimentan esa preocupación. Algunos relevamientos muestran a Axel Kicillof y Cristina Fernández de Kirchner con niveles de imagen positiva similares a los de Milei, mientras la imagen negativa del Presidente aparece en ascenso.
En uno de esos trabajos, Kicillof aparece además como el principal referente opositor. Ante la pregunta sobre quién representa mejor la oposición al Gobierno, el gobernador bonaerense reúne 36 puntos, por encima de Cristina Fernández de Kirchner, que alcanza 23.
Otro relevamiento muestra un escenario económico incómodo para el oficialismo: 62 por ciento de los argentinos considera que la situación económica es mala y 49 por ciento cree que empeorará durante los próximos seis meses. En paralelo, 53,8 por ciento califica la gestión de Milei como mala o muy mala, frente a 33,5 por ciento que la evalúa como buena o muy buena.
Ese número coincide con la intención de voto que algunos estudios adjudican hoy al oficialismo. Y allí aparece el núcleo del temor político: con una base cercana al 33 por ciento, Milei podría quedar detrás de un peronismo unificado que históricamente ronda el 35 por ciento.
“Con 33 por ciento de intención de voto, Milei puede perder las primarias ante un peronismo que históricamente ronda el 35 por ciento. Por eso en la Casa Rosada están desesperados por sacar cuanto antes la eliminación o suspensión de las PASO”, agregó el legislador consultado.
La tarea política quedó en manos del flamante jefe de Gabinete, Diego Santilli, quien deberá negociar la reforma electoral con gobernadores aliados y, especialmente, con los diputados del PRO que conduce Cristian Ritondo.
Ese bloque aparece como una pieza decisiva. Los 12 diputados del PRO pueden tener la llave para habilitar la suspensión o eliminación de las primarias. Ritondo, cercano a Santilli, admitió que todavía no hubo una conversación profunda sobre el tema, aunque el debate ya empezó a moverse en los pasillos legislativos.
La preocupación oficial también se proyecta sobre un eventual ballotage. Varios estudios muestran que el escenario que en 2023 favoreció a Milei podría jugarle en contra en 2027, en un contexto de rechazo al programa económico que ronda el 60 por ciento.
Un relevamiento del Observatorio de Psicología Aplicada de la UBA ubicó a Kicillof por encima de Milei en una eventual segunda vuelta, con 48,2 por ciento contra 39,3 por ciento. Ese dato es leído con atención tanto en el peronismo como en el oficialismo.
La discusión electoral se cruza, además, con el frente financiero. Informes de bancos internacionales advierten que el programa de deuda y financiamiento del Gobierno necesita un escenario político relativamente estable para sostenerse sin sobresaltos.
El análisis es simple: si Milei mantiene una ventaja electoral sólida, el Tesoro podría acceder a financiamiento mediante colocación de bonos, organismos multilaterales, privatizaciones y préstamos bilaterales. Pero si la elección se vuelve competitiva, esas fuentes podrían achicarse.
En ese escenario adverso, el Gobierno tendría más dificultades para conseguir dólares, fortalecer reservas y cubrir vencimientos. La necesidad de esfuerzo financiero pasaría de unos 4.900 millones de dólares a cerca de 10.700 millones, una cifra equivalente prácticamente al superávit primario proyectado para 2027.
A eso se suman posibles pasivos contingentes y pagos relevantes que debería afrontar el Banco Central, como los compromisos vinculados a los Bopreal. Por eso, en el mercado sostienen que 2026 podría ser manejable, pero 2027 aparece como un año mucho más sensible si la disputa electoral se torna pareja.
En la Casa Rosada entienden que las PASO podrían convertirse en un evento de riesgo financiero. No sólo ordenarían al peronismo, sino que también podrían darle al mercado una señal temprana de debilidad electoral del Gobierno.
Por eso, la suspensión de las primarias empieza a ser leída como una medida de blindaje político y económico. El oficialismo busca evitar una elección intermedia que funcione como plebiscito anticipado y que, en caso de un resultado adverso, desate una dinámica difícil de controlar.
El problema es que la reforma necesita acuerdos parlamentarios. Y allí el Gobierno depende de una negociación compleja con aliados, gobernadores y bloques que no necesariamente quieren aparecer como responsables de cambiar las reglas de juego en beneficio del oficialismo.
Para Milei, sin embargo, el cálculo parece claro: llegar a 2027 sin una PASO nacional que pueda alterar la estabilidad del mercado y sin una foto electoral que debilite la expectativa de continuidad.
En el fondo, la discusión excede la ingeniería electoral. Lo que está en juego es la capacidad del Gobierno de sostener su programa económico hasta la elección presidencial sin enfrentar una crisis de confianza como la que terminó de hundir a Macri en 2019.






