El aumento de los delitos, la paralización de la obra pública y un rojo financiero cada vez más profundo configuran un escenario complejo en Mar del Plata, donde distintos sectores políticos cuestionan el rumbo de la administración local y advierten que la situación no logró revertirse con el recambio de conducción.

La inseguridad aparece como una de las principales preocupaciones. Pese a los antecedentes de Guillermo Montenegro en materia judicial y de seguridad, y a la continuidad de su espacio en el gobierno local a través de Agustín Neme, los cuestionamientos crecen por la falta de respuestas frente a una problemática que se profundiza en los barrios.

De acuerdo con datos del Centro Municipal de Análisis Estratégico del Delito, el distrito cerró 2025 con 31.342 delitos y contravenciones, lo que representó un incremento del 9% interanual y un salto acumulado del 23,4% en los últimos tres años. Si bien los homicidios tuvieron una leve baja, al pasar de 40 en 2024 a 35 en 2025, la percepción de desprotección sigue en aumento.

A eso se suman otros indicadores alarmantes. La organización MuMaLá reportó 58 intentos de femicidio en General Pueyrredon en lo que va del año y advirtió sobre una fuerte ausencia estatal en los sectores más vulnerables.

En ese contexto, el dirigente Cuesta fue categórico al evaluar la situación: “Montenegro no pudo demostrar una mejora en los indicadores a pesar de que se suponía que era su lado fuerte”.

El frente económico tampoco ofrece alivio. El ejercicio 2025 dejó un déficit presupuestario de 7.437 millones de pesos, una cifra que implica un aumento del 155% respecto del año anterior. Desde el oficialismo atribuyen ese desbalance a la caída de transferencias provenientes de Nación y de Provincia, especialmente por la merma de fondos de capital.

Sin embargo, desde la oposición consideran que la explicación no alcanza. Cuesta cuestionó el modo en que se administraron las cuentas municipales y sostuvo: “Llevamos cuatro años de déficit, lo que refleja una forma de gobernar con errores. Es un déficit sin obras, sin nada que haya quedado en la ciudad para poder explicarlo”.

La falta de inversión también se refleja en el estado de la infraestructura urbana. Vecinos de distintos sectores denuncian la proliferación de microbasurales a cielo abierto que incluso funcionan, según afirman, como espacios de desarme de autos robados. A eso se suma el deterioro persistente del asfalto, una de las quejas más repetidas pese a la implementación de la tasa vial.

Desde ese sector, Taccone también apuntó contra la ausencia de obras y mantenimiento. “Es una ciudad sin obras. Pero ni siquiera me refiero a las importantes, como el Emisario Submarino o los Polideportivos barriales. No hay ningún tipo de mantenimiento”, sostuvo.

En la misma línea, Cuesta agregó: “No hay planificación ni se vienen haciendo las obras necesarias de mantenimiento”.

Con este cuadro, Mar del Plata atraviesa un momento de fuerte tensión entre el desgaste de la gestión, la demanda social creciente y una ciudad que, según coinciden distintas voces, muestra cada vez más signos de abandono.