Los cambios normativos derivados de la Ley Nacional de Tránsito han puesto el foco en la aptitud psicofísica de los adultos mayores para operar vehículos. El nuevo esquema de regulaciones establece una reducción significativa en los plazos de vigencia de las licencias de conducir, fundamentada en la necesidad de garantizar la seguridad vial y evaluar periódicamente las capacidades cognitivas y motoras de los conductores.
Bajo las nuevas directivas, los conductores que se encuentren en la franja etaria de 65 a 70 años deberán realizar el proceso de renovación cada tres años. Una vez superada la barrera de los 70 años, la validez del documento se reduce a un solo año, lo que obliga a una concurrencia anual a los centros de emisión.
En la ciudad de Necochea, el sistema local ya aplica criterios de periodicidad similares. Actualmente, el área de Licencias de Conducir del municipio requiere que los mayores de 70 años rindan exámenes teóricos y prácticos de manera recurrente, sumado a los controles de visión, audición y reflejos. Las autoridades sostienen que estas medidas buscan “reforzar la seguridad vial y garantizar que quienes conduzcan mantengan aptitudes físicas y cognitivas adecuadas para circular”.
Sin embargo, la medida no está exenta de controversia. Diversas organizaciones que nuclean a adultos mayores han manifestado que este endurecimiento de los requisitos puede interpretarse como una barrera burocrática. Desde estos sectores plantean que reducir automáticamente la vigencia de la licencia basándose exclusivamente en la edad podría resultar discriminatorio hacia quienes conservan plena autonomía.
El proceso de renovación técnica exige ahora la aprobación de un examen psicofísico más exhaustivo. Dependiendo de los resultados médicos o de las normativas específicas de cada jurisdicción, los interesados podrían ser sometidos nuevamente a pruebas de conducción en pista para validar su idoneidad frente al volante.






