Axel Kicillof cree que el gobierno de Javier Milei podría conseguir los votos necesarios para eliminar o suspender las PASO de cara al calendario electoral 2027. En el peronismo bonaerense observan con atención ese movimiento, porque entienden que el eventual ascenso de Diego Santilli dentro del Gobierno nacional puede acelerar las negociaciones con gobernadores y bloques aliados en el Congreso.

La hipótesis que circula en el peronismo es que La Libertad Avanza podría ofrecer acuerdos políticos en las provincias, habilitar colectoras o despejar el camino electoral a distintos mandatarios a cambio de respaldo legislativo para borrar las primarias del calendario nacional.

Para Kicillof, el impacto sería directo. Sin PASO nacionales, el peronismo perdería la herramienta más ordenada para resolver sus diferencias internas sin llegar a una ruptura. Y, al mismo tiempo, la provincia de Buenos Aires debería definir con mayor urgencia su propio calendario electoral, en un año en el que se elegirá gobernador.

En la mesa política del axelismo crece una certeza: si no hay PASO nacionales, la provincia quedará cada vez más cerca de volver a desdoblar las elecciones, como ocurrió en 2025.

El jueves, Kicillof reunió a intendentes y legisladores del Movimiento Derecho al Futuro y les habló de la necesidad de sostener una primaria para ordenar candidaturas dentro del peronismo. Fue una señal política en medio de la avanzada de Máximo Kirchner, que busca instalar que el kirchnerismo trabajará para que Cristina Fernández de Kirchner pueda volver a ser candidata o, en todo caso, para que haya un postulante propio y no uno “por default”, como el líder de La Cámpora suele caracterizar al gobernador.

El problema para Kicillof es que, si las PASO caen, el margen para administrar la interna se achica de manera considerable. Sin primarias, sólo quedarían dos caminos: un acuerdo político amplio o una ruptura.

La posibilidad de una interna partidaria aparece como una alternativa formal, pero en el entorno del gobernador prácticamente la descartan. Los padrones están desactualizados, la estructura para organizar una elección interna de escala nacional no existe y el hábito político de resolver candidaturas por esa vía se perdió hace años.

Por eso, el debate real pasa por otro lado: cómo negociar con el kirchnerismo, en qué condiciones y con qué calendario electoral.

El desdoblamiento, cada vez más probable

En el axelismo sostienen que, si se eliminan las PASO nacionales, Buenos Aires tendría el camino despejado para fijar su propia fecha electoral. Esa definición impactaría de lleno en la sucesión bonaerense, uno de los principales objetivos que le quedaría al kirchnerismo si acepta acompañar una eventual candidatura presidencial de Kicillof.

El antecedente inmediato es 2025, cuando el gobernador separó la elección provincial de la nacional. La provincia votó el 7 de septiembre y la Nación el 26 de octubre, en una decisión que fue resistida por Cristina Fernández de Kirchner.

El argumento oficial fue técnico: la elección nacional se realizaba con Boleta Única de Papel, mientras que la provincia mantenía la boleta sábana. Para el Ejecutivo bonaerense, ambos sistemas eran incompatibles en una misma jornada.

Aquella decisión tuvo un resultado político ambiguo. Kicillof ganó la elección provincial por 14 puntos, pero el peronismo perdió la nacional. Desde entonces, el kirchnerismo le pasa factura por el desdoblamiento, aunque en el axelismo recuerdan que las listas nacionales fueron armadas mayoritariamente por el propio sector cristinista.

Para 2027, el escenario es todavía más delicado porque estará en juego la gobernación. Si las PASO nacionales se mantienen, la ley provincial que adhiere a ese calendario obligaría a ordenar los tiempos bonaerenses en función de la fecha nacional. Eso dejaría una ventana muy estrecha entre la primaria y la elección general provincial.

En cambio, si las PASO desaparecen, la provincia podría fijar una fecha propia sin quedar atada al cronograma nacional. En ese caso, el argumento de la incompatibilidad entre sistemas volvería a estar disponible para justificar una elección separada.

En La Plata aseguran que votar el mismo día con dos sistemas distintos sería inviable. Y aun si la provincia adoptara la Boleta Única, advierten que seguiría existiendo un problema operativo: habría dos elecciones, dos categorías centrales y, eventualmente, dos urnas diferentes.

El costo para Kicillof

El desdoblamiento beneficiaría a intendentes y candidatos locales, como ya ocurrió en 2025, porque les permitiría concentrar la campaña en temas provinciales y municipales. Sin embargo, también podría perjudicar a Kicillof si finalmente compite por la Presidencia, ya que en octubre iría sin el arrastre territorial de los jefes comunales.

En el entorno del gobernador relativizan ese riesgo. Sostienen que el arrastre no funciona de manera automática y que, aun votando el mismo día, la militancia territorial debe trabajar cada boleta y cada candidatura.

“Como son dos boletas distintas, no corre eso del arrastre por defecto. Igual necesitás que el intendente te milite tu boleta y tu candidatura”, explican en el axelismo.

La discusión, de todos modos, no es sólo técnica. El calendario electoral será una pieza central en la negociación entre Kicillof, el kirchnerismo y los intendentes. Si el gobernador avanza hacia una candidatura nacional, el armado bonaerense quedará en el centro de todas las tensiones.

Versiones cruzadas en la Legislatura

En paralelo, el kirchnerismo dejó correr versiones en el Senado bonaerense sobre un posible acuerdo entre Kicillof y La Libertad Avanza para adoptar la Boleta Única de Papel en la provincia. Según esa lectura, si Buenos Aires cambiara su sistema electoral, caería el argumento técnico que impide votar el mismo día que la Nación.

Cerca del gobernador lo descartan de plano. Aseguran que La Libertad Avanza no tiene los votos necesarios para imponer la reforma y que ningún sector del peronismo está dispuesto a entregárselos.

Además, remarcan que incluso con Boleta Única el problema no desaparecería por completo, ya que la simultaneidad de elecciones nacionales y provinciales seguiría generando complejidades logísticas y políticas.

En la Legislatura bonaerense, la reforma electoral lleva meses sin avances concretos. Proyectos vinculados a la Boleta Única, las reelecciones indefinidas y las colectoras quedaron atrapados en la discusión interna y en la falta de acuerdo entre bloques.

Varios de esos expedientes, que deberían pasar por la comisión de Reforma Política y Régimen Electoral, terminaron en Legislación General, presidida por el senador axelista Germán Lago. Por ahora, no hay señales de tratamiento inmediato.

El plazo político, sin embargo, está claro. En todos los bloques reconocen que cualquier modificación del sistema electoral debería resolverse antes de fin de año. La máxima que se repite en los pasillos legislativos es que las reglas de juego no se cambian en pleno año electoral.

Si no hay acuerdo antes de diciembre, 2027 comenzará con el esquema vigente y con cada sector obligado a jugar con las herramientas que tenga a mano.

Un peronismo obligado a definirse

La posible eliminación de las PASO nacionales funciona como acelerador de todas las discusiones pendientes dentro del peronismo. Sin esa instancia, Kicillof necesitará cerrar un acuerdo con el kirchnerismo desde una posición de fuerza o construir una alternativa propia apoyada en el PJ bonaerense, el Movimiento Derecho al Futuro, intendentes y partidos aliados.

Del otro lado, Máximo Kirchner y La Cámpora buscarán evitar que el gobernador concentre la lapicera nacional y provincial sin condiciones.

En el fondo, la discusión por las PASO es también una discusión por el liderazgo del peronismo, por la sucesión en Buenos Aires y por el lugar que ocupará Cristina Fernández de Kirchner en el armado de 2027.

Si Milei logra eliminar las primarias, el peronismo se quedará sin su mecanismo institucional más útil para procesar diferencias. Y en ese escenario, la provincia de Buenos Aires volverá a convertirse en el tablero decisivo.

Para Kicillof, la cuenta es clara: sin PASO, habrá menos tiempo, menos margen y más presión para definir candidaturas, alianzas y calendario. Y, en ese esquema, el desdoblamiento bonaerense aparece cada vez menos como una posibilidad y cada vez más como una necesidad política.

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