Cerca de un millón de personas pasaron por el Polideportivo Municipal José María Gatica, en Villa Domínico, para despedir a Carlos Alberto “Indio” Solari en una jornada que quedará grabada como una de las manifestaciones populares más grandes de la historia reciente argentina.
El velatorio del Indio Solari cerró sus puertas en Avellaneda luego de una despedida multitudinaria, atravesada por canciones, banderas, lágrimas, abrazos y una enorme demostración de amor colectivo hacia uno de los artistas más influyentes de la música nacional.
La familia confirmó el cierre con un mensaje breve y conmovedor. “Ya está. Todas y todos los que tuvieron la posibilidad de acercarse a despedirlo, lo hicieron”, expresaron.
También convocaron a continuar el duelo desde la intimidad, sin dejar que se apague la memoria del músico. “Sigamos penando por dentro y recordándolo como era: humano, infinito”, señalaron.
La frase que quedó flotando como consigna fue tan simple como poderosa: “Que su música no pare nunca más”.
Durante horas, una marea de seguidores llegó desde distintos puntos del país para darle el último adiós. Muchos viajaron durante la noche, otros caminaron largas cuadras, hicieron filas interminables o esperaron durante horas para poder ingresar al polideportivo y despedirse frente al féretro.
La escena tuvo algo de ceremonia popular y algo de misa ricotera. Hubo remeras, trapos, flores, vino compartido, canciones coreadas en voz baja y también silencios profundos. En cada gesto apareció una forma distinta de atravesar la pérdida.
Para miles de personas, el Indio no fue solamente un músico. Fue una voz, una identidad, una forma de nombrar la bronca, la alegría, la marginalidad, la amistad, el desencanto y la esperanza. Por eso la despedida excedió largamente el formato de un velatorio tradicional y se convirtió en un ritual colectivo.
El Polideportivo José María Gatica quedó transformado en un punto de peregrinación. Familias enteras, grupos de amigos, trabajadores, jóvenes y viejos ricoteros llegaron para ser parte de un último encuentro con el artista que marcó varias generaciones.
La multitud confirmó que la obra de Solari, desde Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota hasta su camino solista, sigue viva en una comunidad que hizo de sus canciones una memoria compartida.
Con las puertas ya cerradas, queda el eco de una despedida inmensa y la certeza de que, para quienes lo siguieron durante décadas, el adiós no será definitivo.
Porque el cuerpo se despide, pero la música queda.





