El estancamiento de la construcción comienza a sentirse con fuerza en uno de los eslabones más tradicionales del sector: los corralones de materiales, que enfrentan menores ventas, clientes que recorren buscando precios y dificultades crecientes para sostener estructuras y realizar inversiones.

Comerciantes del rubro aseguran que las ventas cayeron entre 30 y 40 por ciento y que las familias prácticamente abandonaron la histórica costumbre de comprar materiales para pequeñas ampliaciones, refacciones o como forma de ahorro.

“La gente compra muy poco material, lleva lo justo y pide precios”, describió el responsable de un corralón que, como consecuencia de la situación, redujo su plantel de ocho a seis trabajadores.

El problema no pasa solamente por la cantidad de operaciones. Los comerciantes aseguran que existe movimiento y realizan numerosos presupuestos, pero una parte importante de las consultas no termina convirtiéndose en ventas.

Los números confirman la caída

Los últimos datos del INDEC muestran que la actividad de la construcción cayó 4,4 por ciento interanual en agosto.

Detrás del promedio aparecen retrocesos todavía mayores en materiales específicos: el asfalto cayó 18,4 por ciento; el yeso, 17 por ciento; las cales, 13 por ciento; los pisos y revestimientos cerámicos, 11,9 por ciento; los ladrillos huecos, 9,7 por ciento; y el cemento Portland, 8,1 por ciento.

A la retracción del consumo particular se suma la paralización de buena parte de la obra pública, que redujo el volumen de materiales demandado por grandes proyectos.

Los comerciantes también encuentran dificultades para renovar vehículos y equipamiento. Ante la incertidumbre, muchos evitan endeudarse y continúan trabajando con herramientas y camiones antiguos.

La paradoja es que se construye menos, pero los costos continúan aumentando. Mano de obra, servicios, reposición y logística presionan sobre negocios que venden menores volúmenes.

El impacto termina alcanzando al empleo. Corralones y empresas proveedoras comenzaron a reducir personal, jornadas y gastos, mientras el sector advierte sobre cierres de pequeñas empresas y mayor informalidad.

Lo que inicialmente parecía una pausa de la actividad terminó convirtiéndose en un problema más profundo: la crisis de la construcción ya no queda limitada a las grandes empresas y las obras paralizadas, sino que llegó al mostrador de los corralones de barrio.