El sector ganadero atraviesa una pronunciada retracción en el mercado interno. Según datos recientes de las cámaras de la industria cárnica, el consumo de carne vacuna en el país registró una caída del 11,5% durante la primera mitad del año en comparación con el mismo período del año anterior. Este descenso posiciona la ingesta de este alimento en niveles históricamente bajos para el mercado doméstico.

La principal razón detrás de esta tendencia se encuentra en la evolución de los precios al consumidor, que han superado el ritmo de actualización salarial en diversos sectores. “La suba de precios en el mostrador ha forzado un cambio en los hábitos de consumo de los hogares argentinos”, señalan especialistas del sector agroindustrial, indicando que muchas familias han optado por sustituir la carne roja por alternativas más económicas como el pollo o el cerdo.

Desde las cámaras frigoríficas y entidades del campo observan con preocupación la estabilidad del mercado. La pérdida de poder adquisitivo ha impactado directamente en la demanda, generando un excedente de producción que difícilmente logra ser absorbido por la exportación en su totalidad debido a la logística y los costos internacionales vigentes en la actualidad.

A pesar de la baja en la demanda interna, los costos de producción para los ganaderos continúan en ascenso. Entre los factores que presionan la estructura de costos se destacan las tarifas de servicios, el transporte y los insumos para la alimentación del ganado. Las perspectivas para el segundo semestre dependen, en gran medida, de la estabilización de las variables macroeconómicas y una posible recuperación del ingreso real de los ciudadanos.